Oración Padre Pio

padre pio oraciones

Oh Jesús, mi alimento y mi vida,

Te elevo en un misterio de amor,

que contigo sea yo para el mundo,

camino, verdad y vida.

Y para ti sacerdote santo,

victima perfecta.

Padre Pio, Capuchino. 


Padre Pio Oración Milagrosa

Oh Padre Celestial,

Tú que le has concedido al Padre Pio,

la caridad y humildad asía los más necesitados de cuerpo y alma,

concédeme ser tu ejemplo: De amor, paz y caridad,

para todos mis seres más querido,

y de aquellas personas que están siempre a mi lado,

sin importa lo que me hallan ofendido y humillado

y pueda ser un reflejo de tu vida.

Nunca te apartes de mí lado,

para seguir por el camino de la verdad y la vida.

Rezar un Padre Nuestro, El Avemaría y Un Gloria.

Amén.


Oración al Padre Pio por los enfermos y un milagro

Oh glorioso y misericordias Jesús mío,

Tu que le dijiste a tus apósteles que el que pide, llama y busca,

se les concede esa gracia, por poder de nuestro padre Celestial,

aquí estoy en tu presencia confiado, que por intercesión de Nuestro Padre Pio,

me concedas el favor de sanar el cuerpo de mi amada hija, ya que los médicos dicen:

solo un milagro, podrá sanarla.

En ti pongo mi esperanza, mi fe y confianza.

Rezar un Padre Nuestro, El Avemaría y Un Gloria.

Amén.

Recitar tres la oración el Gloria.


Oración Milagrosa del Padre Pio

Padre Pío, intercede ante nuestro padre celestial.

Para que nos concedas la humildad, el amor y la caridad,

que tanto necesitamos,

para poder vivir en armonía con nuestros

seres queridos, amigos y compañeros de trabajo,

ayúdame a comprender y perdonar,

a todos los que me han hecho tanto mal,

como tú lo hiciste a pesar de cometer,

tantas injusticias, contra ti,

nunca protestaste,

ya que siempre confiaste en la justicia divina,

y obedecías a tus superiores, aunque eran injustos

en su forma de actuar.

y todos tus sufrimientos los ofrecías por amor a Jesús.

No te olvides interceder, por nuestras familias,

en especial por mi hijo menor, que hoy se encuentra,

en malos pasos, ayúdame a que siga el camino

del bien, lleno de fe, esperanza y comprensión.

Te lo pido por los méritos de nuestro Señor Jesucristo.

Amén.


Oración para pedirle un Milagro al Padre Pio

Oh Dios, que a San Pío de Pietrelcina,

Sacerdote capuchino, le has concedido el Santo privilegio

de participar, en divino modo,

de la pasión de tu Hijo.

Concédeme, por su intercesión,

La gracia de (Petición)

que desesperadamente deseo

y otorgarme, sobre todo,

que yo me conforme, a la muerte de Jesús

para alcanzar después, la gloria de la resurrección.

Repetir 3 veces la oración de Gloria al Padre.

 

historia del padre pio

Historia de Padre Pio

El Padre Francisco Forgione nació en Pietrelcina, provincia de Benevento Italia, el 25 de mayo de 1887 a las 5p.m, quien el mundo conocería como el Padre Pio de Pietrelcina, el sacerdote capuchino de los estigmas.

Hijo de Grazio Forgione y María Giuseppa di Nunzio, que se casaron cuando ambos tenían 21 años, agricultores y muy religiosos, no eran pobres, eran propietarios de una casa y una granja, era una familia muy trabajadora.

Padre Pio es considerado el heredero espiritual de san Francisco de Asís, quien fue el primer sacerdote en recibir los estigmas de la crucifixión. Es conocido en todo el mundo como: fraile estigmatizado.

Su estatura era de 1,66 metros y tenía unos ojos vivos y brillantes que transmitía paz.

El Padre Pio muere el 23 de septiembre de 1968, San Giovanni Rotondo, Italia, fue extremadamente generoso, bondadoso con los seres humanos, estudioso, obediente, humilde, falto de salud y muere a la edad de 81 años.

Dones del Padre Pio:

  • Discernimiento extraordinario: Su don más impresionante era leer los sentimientos del corazón y conocer el interior de las conciencias.
  • Curación: curas milagrosas mediante el poder de la oración, oraba hasta que se le concediera su petición.
  • Bilocación: estar en dos lugares al mismo tiempo.
  • Tenía el don de profetizar.
  • Perfume: expedía una fragancia con olor a flores, se sentía un olor a santidad.
  • Lágrimas: cuando rezaba el Rosario, a veces derramaba lágrimas.
  • Estigmas: exhibió estigmas desde el 20 de septiembre de 1918 y los llevó durante 50 años, hasta pocos días antes de su muerte el 23 de septiembre de 1968.
  • Podía comunicarse con su ángel guardián, el que le ayudaba de interprete de cualquier lengua, consejero, enfermero y poder leer las mentes de sus feligreses.

Biografía y del carácter del Padre Pio:

El Padre Pio era una persona dulce y amable, pero cuando se trataba de la confesión y la salvación de las almas, era muy exigente.

En el confesionario rechazaba las mujeres que no iban vestidas apropiadamente y gracias al don de ver el corazón de las personas, constantemente retiraba personas del confesonario por no estar arrepentidos de sus pecados o por no querer cambiar de vida.

El Santo Padre Pio decía: “yo amo a las almas como amo a Dios, por eso no debo ser débil con los pecados de los penitentes y los corrijo con fuerza, especialmente con los pecados como el aborto, adulterio, faltar a misa los domingos y los pecados contra la eucaristía”.

Vida Familiar.

Todas las noches, al regresar a casa, su familia se detenía un momento en la iglesia para rezar el ángelus, este ambiente de vida sencilla de piedad y trabajo, es donde nace su cuarto hijo Francesco, siendo el cuarto hijo del matrimonio, aunque dos de sus hermanos mayores habían muerto.

María Giuseppa miraba a su Francesco, pensando ¡Este hijo también Dios se lo llevaría!, así fue, pero de otra forma, sintiendo Francisco el llamado de Dios a los cinco años, Su madre le pregunta a Grazio ¿Dónde está Francesco? Y él le responde: A estas horas, va a visitar a Jesús y María en la iglesia.

Francesco crece en este ambiente de amor por Dios y no oculta a sus padres su deseo en un futuro de ser sacerdote, a su corta edad ya había tenido experiencias místicas como visiones de la Santísima Virgen y de su ángel custodio.

Francisco era un niño muy sensible y espiritual le gustaba orar en la iglesia o sentarse debajo de un árbol para hablar con Dios.

Tenía un amor muy especial por la Virgen María, a quien llamaba cariñosamente madrecita, tiempo después comenzó a tener apariciones de la Virgen María, incluso en la iglesia Santa María de los Ángeles se le apareció el sagrado corazón de Jesús y las apariciones fueron tan habituales que al niño le parecía normales.

Su madre le había contagiado su devoción a San Francisco Asís y le gustaba pasar horas en contemplación en la iglesia de Santa María degli Angeli, la capilla dedicada a Santa Ana, justo donde están los restos de San Pio Mártir.

Cuando Francisco tenía 9 años fue con su padre a Altavilla Irpina, era día de feria y de fiesta de su santo patrón San Pellegrino Martir, el obispo celebraba la santa misa, la iglesia estaba llena de fieles de todas partes, la ceremonia fue larga y solemne. Terminada la ceremonia, muchos peregrinos se quedaron allí, para hacerle alguna petición al santo.

Francisco, detiene a su padre que ya tenía deseos de salir del templo y le dice: Papa espera. Destacándose entre ellos una madre que tenía en brazos a su hijo enfermo, que estaba lisiado y deforme, se acercó a San Pellegrino implorándole que le curara a su hijo, esta madre, en un arrebato de desesperación dijo en voz alta frente a la imagen del Santo: Cura a mi hijo, si no lo quieres curar, tómalo, yo no lo quiero y diciendo esto, arrojó al niño en el altar.

Francesco oró intensamente para que se realizara el milagro, ante la sorpresa de todos allí presentes ese ser retorcido, se puso andar por primera vez en su vida y le dice: mamá, su madre no podía creer lo que estaba viendo, donde todos los peregrinos gritaron ¡Milagro!

El padre Raffaele era el confesor del Padre Pio y dice que cuando Piuccio me conto este milagro, lloro abundantemente y no pudo añadir más palabras, fue como el anuncio de tantas cosas misteriosas que Dios iba a realizar por medio del futuro padre Pio.

El 27 de septiembre de 1899, fue bautizado en la parroquia Santa María de los Ángeles e hizo la primera comunión y la confirmación a los 12 años, guardando toda su vida en su corazón, la emoción de aquel gran día. Fue en esta misma iglesia donde a los cinco años de edad, tuvo una aparición del Sagrado Corazón de Jesús, el Señor posó su mano sobre la cabeza de Francisco y este prometió a San Francisco que sería su fiel seguidor.

Este año marcaría la vida de Francisco para siempre; empieza a tener apariciones de la Santísima Virgen, por el resto de su vida. También tenía trato familiar con su ángel guardián, con el que tuvo la gracia de comunicarse toda su vida y el cual sirvió grandemente en la misión que recibiría de Dios.

Desde muy niño Francesco les manifiesta a sus padres el deseo de ser religioso y como la educación en la villa era deficiente, emigró a los Estados Unidos, buscando mejor solvencia económica que le permitiera financiar la educación de Francisco.

Su padre embarca para Nueva York en 1898, Francisco solo tenía 11 años, no lo volvió a ver hasta 1903, pero en 1910 su padre se vuelve a embarcar para argentina, donde se quedó 7 años.

El padre Pio agradecido con su padre decía: mi padre tuvo que exiliarse dos veces para que yo pudiera serme capuchino.

Su madre recibió gran sabiduría del Señor para ver el camino que su hijo habría de seguir, hizo grandes sacrificios para que Francesco cumpliera su sueño de ser sacerdote, su madre hizo arreglos para que ingresara al seminario, buscó al maestro Angelo Caccavo, para encargarle la formación de su hijo.

EL apoyo familiar de San Pio.

Desde muy niño Francisco les manifiesta a sus padres el deseo de ser religioso. Su madre le dice a Grazio Forgione: como que la vocación de nuestro hijo de ser sacerdote va en serio.

Su padre, al ver la limitación existente de educación en la villa, emigró a los Estados Unidos y a Jamaica buscando mejor solvencia económica que le permitiera financiar los gastos de educación para Francisco y le dicen a su esposa, que en ese lugar hay trabajo y lo pagan muy bien y así tendré suficiente dinero para costear los estudios de Francisco, esta decisión le causa mucho dolor a Francesco ya que su padre tiene que ausentarse de su hogar y todo por su culpa. Su madre con dolor dice: ¡Que Dios nos socorra! Que todo sea para que el chico sea un gran sacerdote. ¡Cuídate Grazio y vuelve pronto, amor mío!

El padre Pio escogió ser capuchino, porque con frecuencia llegaba al pueblo Fray Camilo, un religioso con larga barba, muy jovial y amigable con todos, que repartía nueces y medallitas a los niños. Francesco lo observaba y lo seguía, queriendo ser como él. Cuando el Padre pio era muy anciano decía: La barba blanca de Fray Camilo se me había quedado fija en mi cabeza y nadie me la pudo quitar de mi mente.

Su madre recibió gran sabiduría del Señor para ver el camino que su hijo habría de seguir, Haciendo grandes sacrificios, para que a Francisco se le cumpliera los sueños de ser sacerdote, su madre Giuseppa, hizo arreglos para que su hijo recibiera la formación necesaria, para poder ingresar en el seminario, buscó al maestro Angelo Caccavo, para encargarle la formación de su hijo. Con él, el joven Francisco avanzó con gran rapidez y su lugar favorito donde le gustaba estudiar era en la torreta, habitación separada del resto de la casa, situada sobre un peñasco, a la que se accedía a través de una escalera empinada, donde se respiraba tranquilidad y silencio, donde le decía siempre a su madre ¡madre que bien se estudia en la torreta!

El hábito del Espíritu Santo en la vida del Padre Pio

El 27 de septiembre de 1899, fue bautizado en la parroquia Santa María de los Ángeles e hizo la primera comunión y la confirmación, a la edad de 12 años, guardando toda su vida en su corazón, la emoción de aquel gran día. Fue en esta iglesia donde a los cinco años, tuvo una aparición del Sagrado Corazón de Jesús, el Señor posó su mano sobre la cabeza de Francisco y este prometió a San Francisco que sería su fiel seguidor. Este año marcaría la vida de Francisco para siempre; empieza a tener apariciones de la Santísima Virgen, por el resto de su vida. También tenía trato familiar con su ángel guardián, con el que tuvo la gracia de comunicarse toda su vida y el cual sirvió grandemente en la misión que recibiría de Dios.

Quince años más tarde, Pio ya sacerdote, sentiría la misma emoción de preparar a 400 niños de Pietrelcina para la confirmación, donde le decía en una carta a su director espiritual: Lloraba de consuelo mi corazón, porque me acordaba lo que el espíritu santo me había hecho sentir, el día que recibí el sacramento de la confirmación, con el recuerdo de ese día, inolvidable para mi vida, ¡Que suaves emociones me hizo sentir, ese Espíritu Santo consolador! con el recuerdo de ese día, me siento enteramente devorado por una llama muy viva, que me quema, consume y no causa dolor.

A su padre le comenta todos sus progresos para seguir a Dios donde le dice: Papa que sea sacerdote no es nada nuevo para ti, pero ahora ya sé a qué orden voy a ingresar, a los capuchinos, le escribe el 15 de octubre de 1901, el año próximo todas mis fiestas y diversiones han terminado para mí, porque abandonare esta vida de ahora, para abrazar otra mejor.

En junio de 1902 es admitido en el noviciado capuchino de Morcone, a sus 15 años. Pero el paso a su vida religiosa no fue fácil, ya que desde su infancia venia cosechando experiencias místicas y la oposición del diablo, que ya preveía su futura doble misión: La participación de los sufrimientos de Cristo y una intercesión llena de éxito en pro de las almas. Las visiones de una lucha sin cuartel con el diablo, quien terminaba huyendo y Jesús y María que lo alentaban y le aseguraban que saldría vencedor.

La dura prueba del noviciado de San Pio

El 6 de enero de 1903, luego de haber escuchado la santa misa, se despidió de todas sus hermanas, de su hermano, primos, tíos y vecinos, les dice: No estés tristes, parecéis como si fuera un duelo, luego se dirige a su madre y poniéndose de rodillas y le dice: Mama dame tu bendición. Hijo mío ya no me perteneces a mí, sino a san Francisco, él te llama y tú debes irte. Saco del bolsillo un rosario y se lo dio diciéndole: Tómalo, te hará compañía en mi lugar. Estas palabras llenas de lágrimas de su madre, acudían más tarde en la mente del padre Pio, en los momentos en que los ataques del demonio eran más irascibles, llenándolo de valor.

El don de lágrimas.

Aquel día al lado de sus tres compañeros de la región: Vicenzo, Salvatore y Giovanni, ingreso en el convento de Marcone, bajo la tutela del maestro de novicios, el padre Tommaso Da monte Sant Angelo. De este maestro el padre Pio nos dice: Es un poco severo, pero con un corazón de oro, comprensivo y lleno de caridad con los novicios.

Las reglas y disciplinas fueron desalentando a sus compañeros postulante Giovanni, quien creía que no podía soportar las mortificaciones y penitencias, quería abandonar el noviciado, pero Francisco lo animo diciéndole: ¿Después de haber hecho tanto esfuerzo para venir aquí vamos a irnos? que dirían nuestros padres y quienes nos han orientado a esta casa? Poco a poco, con la ayuda de María y San Francisco, también nosotros nos acostumbraremos, como se han acostumbrado los demás. Marcone le responde: Francisco, pero es que yo soy tan débil, pero como me has dado fuerzas voy a intentarlo de nuevo. El 22 de enero los cuatros postulantes tomaron el hábito.

El padre Tommaso: Que el Señor te despoje del hombre viejo y de sus acciones. Acepta la luz de Cristo en señal de inmortalidad. Cristo te iluminara.

Francisco vistió el hábito de novicio capuchino, recibiendo por nombre Pio de Pietrelcina, en honor a San Pio Mártir a quien había rezado con tanta frecuencia y también en memoria de San pio 5º el gran pontífice de la contrarreforma y vencedor de los turcos en Lepanto.

Fray Pio en su noviciado, fue siempre ejemplar y puntual en las observancias de las reglas y los ayunos, que para muchos jóvenes era un verdadero suplicio.

Paso un año como novicio en el convento de Morcone, donde conoce al padre Benedetto, quien sería su director espiritual, al lado del padre Agostino, con ellos tuvo una abundante y larga correspondencia.

En sus votos temporales, en enero 22 de 1904, al terminar la misa dijo estas palabras: Yo hermano Pio de Pietrelcina, pido y prometo a Dios todopoderoso, a la bienaventurada Virgen María, al bienaventurado Francisco, a todos los santos y a ti, padre mío observar hasta el fin de mi vida, la regla de mis hermanos menores, confirmada por su santidad el Papa Honorio, viviendo en la obediencia en la pobreza y en la castidad. El padre provincial dijo: Y yo en nombre de Dios, te prometo la vida eterna, si observas esas cosas.

Su madre que estaba allí presente muy emocionada, lo abrazo después de la ceremonia y le dijo: Hijo mío, ahora sí que eres un hijo de San Francisco, que él te bendiga, también asistieron, sus hermanas, su hermano mayor Miguel y su tío Angelantonio.

El noviciado ha terminado pero el padre Pio, debía continuar estudiando y preparándose para la ordenación sacerdotal, Marcha con el hermano Geovanni, ahora fray Anastasio. a Sant a Pianasi, donde su salud tiene una gran mejoría, gracia al clima, pero siendo atacado de nuevo por el diablo, cada vez más violentos, incluso contra su integridad física. También experimento fenómeno místicos, diferente a los que le sucedió el 18 de enero de 1905, cuando tenía 18 años.

En 1905, solo dos años después de haber entrado al Seminario, el Fraile Pío experimenta por primera vez la dualidad. Rezando acompañado son el hermano Anastasio en el coro, una noche fría de enero, alrededor de las 23 horas, se encontró a sí mismo muy lejos, en una casa muy elegante en la cual un padre de familia agonizaba en el mismo momento que su hija nacía. Nuestra Santísima Madre se le apareció al Fraile Pío diciéndole: Te encargo esta criatura; es una piedra preciosa sin pulir, trabaja en ella, lústrala, hazla brillar lo más posible, porque un día me quiero adornar con ella. A lo que él contestó: ¿Cómo puede ser esto posible si soy un pobre estudiante, y todavía ni siquiera sé si tendré la fortuna de llegar a ser sacerdote? Y si no llegara a ser sacerdote, ¿cómo podría ocuparme de esta niña estando tan lejos? La Virgen le contestó: No dudes. Será ella quien venga a ti, pero la conocerás de antemano en la Basílica de San Pedro. Inmediatamente se encontró de nuevo en el coro donde había estado rezando minutos antes. Sintió la necesidad de poner por escrito este hecho insólito y entregárselo al padre Agostino.

También es asombrosa la historia de Giovanna Rizanni en 1922, recibirá el consejo de un confesor en San Pedro de Roma de ir a San Gionnavi Rotondo y dirigiéndose a ese lugar, cuál sería su sorpresa al encontrar y reconocer al padre Pio, que le había confesado en san Pedro, y más asombrada se quedó cuando el padre le conto haber asistido a su nacimiento en Udine y le dio toda clase de detalles. Gionnavi fue más adelante hija fiel espiritual del Padre Pio y Franciscana terciaria. Se sabe que jamás había salido el padre Pio de San Gionnavi Rotondo.

Este fenómeno de bilocación es un don que Dios le dio, para el bien de las almas.

Luego de dos años y medio en Sant Elia a Pianisi, de grandes trabajos Espirituales y escolares, su aspecto era enfermizo, sus pulmones y los desarreglos intestinales lo hacían sufrir mucho.

En 1907, domingo 27 de enero, Fray pio hizo sus votos perpetuos y solemnes, cumpliéndolos fielmente, como el de la obediencia de una forma asombrosa y casi inexplicable, partió con sus compañeros a San Marcos la Catola para estudiar filosofía, allí se encuentra con el padre Benedito y al padre Agustín de San Marcos in Lamis, quienes serían sus directores Espirituales y a quienes les escribió desde otros conventos, muchas de sus cartas.

Durante sus años de filosofía y teología, el aire marino no le acento bien los superiores tuvieron que enviarlo varias veces a su pueblo, ya que los médicos le habían diagnosticado tuberculosis pulmonar y querían evitarle observar la severa regla capuchina, además de que contagiara a todos en el convento. Aunque él les dijo: mi enfermedad por una gracia especial de Dios, no es contagiosa. De regreso a su hogar se instala en la torreta y a pesar del amor y cuidados de su madre y demás familia, no olvidaba sus momentos de oración y meditación, durando un año en Pietrelcina, el padre Agostino lo visitaba de vez en cuando, luego de sentirse aliviado, se reincorpora al convento de Montefusco, reanudando de nuevo sus estudios de teología.

El padre Bernardino uno de sus profesores Comenta: El padre Pio, no se distinguía por su inteligencia que era normal, sino por su comportamiento que era humilde, dulce y obediente.

Después de seis meses fue enviado de regreso a su hogar, pensando que se recuperaría pronto, para poner continuar sus estudios de teología y ser ordenado sacerdote, pero fuero 7 años que el fraile capuchino que permaneció en Pietrelcina, por causa de tuberculosis no diagnosticada, pero nunca abandonó sus estudios, gracias a la ayuda de algunos sacerdotes de su entorno. En el año de 1909 el 18 de julio, fue ordenado diacono en la iglesia del convento de Mercone.

El diablo y el Padre Pio.

Al diablo, el Padre Pio le llamaba: Barbazul, Belcebú o Cosaco y Dios le permitía sus ataques constantemente, para que tuviera ocasión de sufrir por la conversión de los pecadores. El demonio se le presentaba de diferentes formas: Una vez se le presento en forma de crucifijo, otro en la figura de su padre Espiritual o de su padre provincial, de su ángel custodio, de san Francisco o de la Virgen María. A veces era uno solo, otras eran muchos y él siempre los reconocía, pidiéndoles que repitieran con el ¡viva Jesús! que ellos no querían repetir. Luego de las apariciones diabólicas, siempre se le presentaba: Jesús, María o su ángel custodio.

El 18 de enero de 1912 en una carta dirigida al Padre Agustín, le dice: Barbaza no se quiere dar por vencido, desde hace días me viene a visitar con sus semejantes, armados de bastones y de objetos de hierros. Cuantas veces me ha tirado a la cama y arrastrándome por la celda. Pero ¡paciencia! Jesús, la mamá Celeste, el angelito, san José y el padre Francisco, está casi siempre conmigo. En otras de sus cartas el 13 de diciembre le dice: La otra noche barbazul se me presento bajo la figura de un sacerdote nuestro. Transmitiéndome una orden severísima del padre provincial de no escribirle más a usted, porque es contrario a la pobreza y un grave inconveniente para la perfección. Confieso mi debilidad, padre mío, llore amargamente, creyendo que era una realidad y no hubiera sospechado que era un engaño de barbazul, si no hubiera sido por mi angelito, que descubrió el engaño.

La vida del Padre Pío está tan llena de acontecimientos extraordinarios que es necesario buscar las causas de ellos en su vida íntima. Quien es llamado a servir en la misión redentora de Jesucristo tiene que sufrir mucho moral y físicamente. Estos sufrimientos lo purifican y encienden cada vez más el amor a Dios. En una carta escrita por el Padre en 1913 decía: El Señor me hace ver como en un espejo, que toda mi vida será un martirio. Desde que ingresó a la vida religiosa hasta que recibió los estigmas, la vida del Padre Pío fue un vía crucis. En 1912 escribe: Sufro, sufro mucho, pero no deseo para nada que mi cruz sea aliviada, porque sufrir con Jesús es muy agradable. A una hija espiritual le dijo un día: El sufrimiento es mi pan de cada día. Sufro cuando no sufro. Las cruces son las joyas del Esposo, y de ellas soy celoso. ¡Ay de aquel que quiera meterse entre las cruces y yo!

El padre Pio en plena guerra mundial tuvo que presentarse el 6 de noviembre de 1915 al centro de reclutamiento de Benevento, para ir a la guerra. Se presentó al cuartel, pero el capitán médico le diagnostico tuberculosis, enviándolo al hospital de Caserta, permaneciendo allí por espacio de 10 días, ya que el coronel médico que lo volvió a examinar lo considero apto para el servicio, el 5 de diciembre recibe órdenes de presentarse en la décima compañía de sanidad de Nápoles, al llegar pide que lo examine un médico, quien lo dispenso de llevar el uniforme militar y le permitió alojarse en el exterior.

Las zancadillas del demonio al Santo Padre Pio.

En esta etapa de la vida del Padre Pio, no dejaba de atormentarlo el demonio, instigándolo para que abandonará la vida del convento. Estando en el convento de Gesualdo, se le presento con la apariencia del Padre Agostino, dándole consejos que no debía llevar esa vida tan dura de los capuchinos y le dice: Tu salud hijo mío, no lo resistiría, te puedes santificar en el mundo, lo mismo que en el convento, el apostolado es a veces más fecundo, es evidente que esa es la voluntad del Señor. Estas palabras le extrañaron mucho al Padre Pio, de parte de su propio director. Pero el padre Pio le responde: Sabe padre para mí lo único que cuenta es la voluntad del Señor, pues bien, para reafirmarme en esta disposición le pido que diga usted bien fuerte conmigo: ¡Viva Jesús ¡

Al instante el visitante desapareció, dejando un olor nauseabundo.

En enero de 1910, debido a su estado de salud, les pide a sus superiores ser ordenado sacerdote prematuramente, ya que temía morir antes de ser ordenado. Los superiores pensando que no viviría mucho, por su grave estado de salud, obtuvieron para él un privilegio de 9 meses, sobre la edad canónica de 24 años. Fue ordenado sacerdote a la edad de 23 años, en la catedral de Benevento, el 10 de agosto de 1910, en presencia de su madre y del Padre Benedetto, por Monseñor Paolo Shinosi en Benevento. En las estampas de su ordenación hizo imprimir estas palabras:

El domingo 4 de septiembre de 1910, cantaba su primera misa solemne. El Padre Agostino que había, predicado el sermón, resalto los lugares privilegiados por el Padre Pio: el pulpito, el altar y el confesionario. Dirigiéndose al padre Pio le profetizo: No tienes mucha salud, no puedes ser un buen predicador, te deseo que seas un gran confesor. El padre Pio recordó toda su vida con emoción aquel día. ¡Que feliz fui, mi corazón ardía de amor por Jesús, empecé a saborear el paraíso ¡

El día de su ordenación, su padre se encontraba en América, pero su madre, su hermano Miguel y su esposa, y sus tres hermanas le acompañaron en ese día tan especial. Al finalizar la Santa Misa, su madre y sus hermanos se acercaron a la baranda para recibir su primera bendición. Su madre no podía contener sus lágrimas, tanto de la emoción como del dolor de pensar en la ausencia de su esposo, cuyo sacrificio había hecho posible la ordenación de su hijo.

San Pio siempre que hacían la oración en común, se refería a la pasión de Jesús, lo que le hacía llorar, dejando sobre el piso un pequeño charco de agua, por eso siempre colocaba un pañuelo para que así no vieran el agua.

Los estigmas de Padre Pio

Durante su primer año de ministerio sacerdotal, en 1910, el Padre Pío manifestó los primeros síntomas de los estigmas. En una carta que escribió a su director espiritual los describió así: «En medio de las manos apareció una mancha roja, del tamaño de un centavo, acompañada de un intenso dolor. También debajo de los pies siento dolor. Estos dolores en las manos y los pies del Padre Pío, son los primeros signos de los estigmas, El Padre Pío le escribió a su director espiritual explicándole lo sucedido: Estaba en la Iglesia haciendo mi acción de gracias después de la Santa Misa, cuando de repente sentí mi corazón herido por un dardo de fuego hirviendo en llamas y yo pensé que me iba a morir, el padre Pío recibió los estigmas de Jesús Crucificado, quien en una aparición lo invitó a unirse en su Pasión para participar en la salvación de los hermanos, en especial de los consagrados.

El día de su ordenación se sintió feliz, y se lo comunicó al Padre Agustín, en una carta el 9 de abril de 1912, dos años después: Mi pensamiento vuela, al pensamiento de mi hermoso día de mi ordenación sacerdotal. He comenzado a gozar de nuevo la alegría de aquel día sagrado para mí. Desde esta mañana he disfrutado del gozo del paraíso ¿que será cuando lo gustemos eternamente? El día de San Lorenzo, 10 de agosto de 1910, fue el día en que mi corazón estuvo más encendido de amor por Jesús. ¡Que feliz fui y cuanto gocé aquel día!

Luego de su ordenación tuvo que permanecer varios meses en su tierra natal debido a que estaba enfermo y viendo los superiores que su enfermedad iba para largo y no podía cumplir con sus deberes religiosos, pensaron seriamente pedir su salida de la orden, para quedar solo como sacerdote diocesano, el superior le comunico esta idea, lo cual lo hizo sufrir mucho, ya que su deseo era sufrir y morir como capuchino.

En uno de sus éxtasis se lamentaba con su padre san Francisco y le decía: Padre mío ¿ahora me sacas de la orden? por caridad, mejor hazme morir. Pero el padre Francisco le revelo que permanecería en su casa con el hábito sin salir de la orden.

Feliz el Padre Pio, ya que el general de la orden, recapacito y pidió permiso para permanecer fuera de la orden siendo capuchino, obtuvo el permiso por 3 años de 1911 a 1914, pero de hecho se quedaría hasta 1916.

El padre Tarsicio Zullo dice: que los años 1910-1960, que el padre Pio permaneció en su tierra natal, daba catecismo a los niños y preparaba los cantos para el mes de mayo y semana santa, ya que tenía una bella voz.

El Padre san Agustín dice: que solo en Pietrelcina sabia sobre los fenómenos sobrenaturales del Padre Pio y el arcipreste Pannullo ya que yo le informe, porque el padre Pio tenía que confesarse con él mientras estaba en el pueblo, ya entonces el pueblo lo consideraba un santo.

Un día el padre Pio luego de haber oficiado la misa, se fue a dar gracias atrás del altar y se desmayó, al medio día todavía no despertaba y el sacristán lo vio como muerto y corrió a dar aviso al arcipreste, que le dijo que no se preocupara que ya resucitaría, regresando de nuevo a la iglesia le dijo. Padre Pio, vuelve en sí, y así lo despertó, el Padre Pio preguntó: ¿Qué hora es? Ya es pasado el mediodía. ¿Me ha visto alguien? No, no te ha visto nadie. El padre Pio se froto los ojos y salió. Esto lo contaba Resina Pannullo sobrina del arcipreste.

El Padre Paolino, superior de la orden de San Giovanni Rotondo, Visitando el convento de Foggia donde estaba provisionalmente el Padre Pio, lo invito a ir unos días a descansar a su convento de Giovanni Rotondo. Padre Pio llego el 28 de Julio de 1916, se encontró allí también de salud que el provincial, el padre Benito le pidió que permaneciera allí por el momento, siendo tan conchudo que permaneció por el resto de su vida, eso sí, para el bien de la comunidad.

Al Padre Pio, le recomendaron la dirección espiritual de 30 estudiante de 11 a 16 años, que aspiraban a ser religiosos, los cuales los confesaba y le daba charlas espirituales y la dirección de 30 mujeres que querían que las dirigiera espiritualmente.

El padre Pio seguía sufriendo por sus enfermedades, que dejaba sorprendidos a los médicos que lo trataban, donde le aparecía y desaparecía una fiebre demasiada alta sin ninguna razón,. Era porque él se ofrecía a sufrir en lugar de otras personas y a él le venían las enfermedades. Es lo que en mística se llama sustitución mística o sufrimiento expiatorio.

Grupos de Oración creados por el Padre Pio

Lo que le falta a la humanidad, repetía con frecuencia el Padre Pio: es la oración, que también era exhortado por el Papa Pio 12. A raíz de la Segunda Guerra Mundial, el mismo Padre funda los Grupos de Oración. Los Grupos se multiplicaron por toda Italia y el mundo. A la muerte del Padre los Grupos eran 726 y contaban con 68.000 miembros, y en marzo de 1976 pasaban de 1.400 grupos con más de 150.000 miembros. Yo invito a las almas a orar y esto ciertamente fastidia a Satanás. Siempre recomiendo a los Grupos la vida cristiana, las buenas obras y, especialmente la obediencia a la Santa Iglesia. El Padre en Pietrelcina les decía: “La oración es el gran negocio de la salvación humana”. Dándole gran importancia a la lectura espiritual, la meditación, el examen de conciencia, la comunión diaria y la confesión semanal.

La meditación es la clave del progreso en el conocimiento de uno mismo y en el de Dios y permite alcanzar la finalidad de la vida espiritual, que es la transformación del alma en Dios.

La confesión es el baño, del alma hijos míos, hay que lavarla al menos cada 8 días.

Las misas de San Pio

El Padre Pío se levantaba todas las mañanas a las tres y media y rezaba el oficio de las lecturas. Fue un sacerdote orante y amante de la oración. Solía repetir: La oración es el pan y la vida del alma; es el respiro del corazón, no quiero ser más que esto, un fraile que ama. Celebraba la Santa Misa en las mañanas acompañado de dos religiosos. Todos querían verlo y hasta tocarlo, pero su presencia inspiraba tanto respeto que nadie se atrevía a moverse en lo más mínimo. La Misa duraba una hora y media y a veces más, donde el obispo no estaba de acuerdo de que las misas se prolongaran tanto tiempo. Todos los presentes se sumergían de forma particular en el misterio del sacrificio de Cristo, multitudes se volcaban apretadas alrededor del altar deteniendo la respiración. Aunque no existe diferencia esencial en la celebración de la Santa Misa de cualquier otro sacerdote, porque el sacerdote y la víctima es siempre Cristo, con el Padre Pío la imagen del Salvador traspasado en sus manos, pies y costado, era más transparente. Le concedieron la celebración de la santa misa, en la madrugada ya que pensaban que nadie vendría, pero todos acudían, aunque lloviera y las bajas temperaturas del clima no fueron escusas para no asistir. Una vez se le preguntó al Padre cómo podía pasar tantas horas de pie con sus llagas durante toda la Santa Misa, a lo que él respondió: Hija mía, durante la Misa no estoy de pie: estoy suspendido con Jesús en la cruz.

En una ocasión se le preguntó si la Santísima Virgen María estaba presente durante la Santa Misa, a lo cual él respondió: ¡Sí, ella se pone a un lado, pero yo la puedo ver, qué alegría! Ella está siempre presente.

Quien participara en la celebración Eucarística del Padre Pío, no podía quedar tranquilo en su pecado. Después de la Santa Misa, el Padre Pío, se sentaba en el confesionario por largas horas, dándole preferencia a los hombres, pues él decía que eran los que más necesitaban de la confesión. Al ser tantos los que acudían a la confesión, fue necesario establecer un orden, y confesarse con el Padre Pío podía tomarse fácilmente tres o cuatro días de espera.

Son muchos los impresionantes testimonios y las emotivas conversiones generadas a través de las Confesiones con el Padre Pío. Severo con los curiosos, hipócritas, mentirosos, amoroso y compasivo con los verdaderamente arrepentidos. Uno de los dones que más impresionaba a la gente era que podía leer los corazones.

Hijos espirituales.

El Padre Pío tenía entre aquellos que se lo solicitaban, un grupo de hijos espirituales a quienes prometía asistir con sus oraciones y cuidados a cambio de llevar una vida fervorosa de oración, virtud y obras de caridad. Entre este grupo de devotos hay un sinnúmero de anécdotas en las que el cuidado real y oportuno del Padre se manifestó de forma extraordinaria. Entre estas anécdotas está la de un joven cuya madre lo llevaba a donde el Padre desde que este era muy pequeño y un día, saliendo del convento para tomar el autobús de regreso a casa, un coche lo atropelló por la espalda haciéndolo volar por los aires. Mientras este volaba sobre el coche, viendo la imagen de la Virgencita del convento al revés, se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. Solo logró gritar: ¡Virgencita mía, ayúdame! Lo llevaron de inmediato al hospital y todos los exámenes mostraban que todo estaba en orden, aunque no se explicaban de dónde provenía la sangre que había en su camisa. En cuanto este pudo salió corriendo hacia el convento para darle las gracias al Padre Pio, que estaba rezando en el coro. No me des las gracias a mí, le respondió el Padre, dáselas a la Virgen, fue Ella. Después de mirarlo con los ojos llenos de amor y con una gran sonrisa en los labios, le dijo: Hijo mío, no te puedo dejar solo ni un minuto.

El Padre Pío sirvió como padre espiritual de los jóvenes que formaban parte del seminario seráfico menor, que en ese momento estaba en San Giovanni Rotondo. Él se encargaba de proveerles con meditaciones, de confesarlos y de tener conversaciones espirituales con ellos. Oraba mucho y seguía de cerca su avance espiritual y hasta llegó a pedir permiso, para ofrecerse como víctima al Señor, por la perfección de este grupo a quienes como él mismo decía, amaba con ternura.

Un día en que daba un paseo con los jóvenes les dijo: Uno de ustedes me traspasó el corazón. Los jóvenes quedaron perplejos ante este comentario, pero no se atrevían a preguntar quién había sido el culpable. Uno de ustedes esta mañana hizo una Comunión sacrílega. Y saber que fui yo el que se la dio hoy durante la Misa. El joven culpable se arrojó a sus pies y confesó ser él el culpable. El Padre hizo seña a los demás para que se retiraran un poco y ahí mismo en la calle escuchó su confesión y lo restauró a la gracia de Dios.

Ante la fama del padre, la Santa Sede envió a investigar a una celebridad: Al sacerdote Agostino Gemelli, franciscano, doctor en medicina, psicólogo, fundador de la Universidad Católica de Milán y amigo del Papa Pío XI. Cuando el padre Gemelli se fue de San Giovanni, sin haber visto siquiera los estigmas, ya que no traía ninguna autorización para que pudiera estudiar los estigmas del Padre Pio, por esta razón publicó un artículo en que afirmaba que estos eran de origen neurótico. El Santo Oficio se valió de la opinión de este psicólogo e hizo público un decreto que declaraba, que no se verifica la sobrenaturalidad de los hechos.

En los años siguientes hubo otros tres decretos y el último fue condenatorio, y en el que se prohibían las visitas al padre Pío o mantener alguna relación con él, incluso epistolar. Como consecuencia, el padre Pío pasó 10 años de 1923 a 1933 aislado completamente del mundo exterior.

La transverberación es una gracia extraordinaria que algunos santos como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz han recibido. El corazón de la persona escogida por Dios es traspasado por una flecha misteriosa o experimentado como un dardo que al penetrar deja tras de sí una herida de amor que quema mientras el alma es elevada a los niveles más altos de la contemplación del amor y del dolor. El Padre Pío recibió esta gracia extraordinaria el 5 de agosto de 1918. En gran simplicidad, el Padre le narró a su director espiritual lo sucedido: Yo estaba escuchando las confesiones de los jóvenes la noche del 5 de agosto cuando, de repente, me asusté grandemente al ver con los ojos de mi mente a un visitante celestial que se apareció frente a mí. En su mano llevaba algo que parecía como una lanza larga de hierro, con una punta muy aguda, parecía que salía fuego de la punta. Vi a la persona hundir la lanza violentamente en mi alma. Apenas pude quejarme y sentí como que me moría. Le dije al muchacho que saliera del confesionario, porque me sentía muy enfermo y no tenía fuerzas para continuar, este martirio duró sin interrupción hasta la mañana del 7 de agosto. Desde ese día siento una gran aflicción y una herida en mi alma que está siempre abierta y me causa agonía.

El Ángel Custodio.

Para el padre Pio su Ángel custodio era un amigo inseparable, y su devoción se los inculcaba a todos sus hijos espirituales, él se beneficiaba de la presencia de este ángel, el cual le hacía muchos favores, el siempre que se refería a su ángel decía: Es mi amigo, es nuestro amigo invencible que está siempre junto a nosotros desde el nacimiento, hasta la muerte(nuestra soledad es simplemente aparente, él siempre está a nuestro lado desde la mañana, a penas te despiertas y durante toda la jornada, hasta la noche siempre, siempre, siempre). Cuanto servicio nos hace nuestro ángel sin saberlo, ni advertirlo. Es un buen angelito, celeste personaje, inseparable compañero, insigne guerrero, benéfico ángel, mi hermano, como un familiar, buen secretario, pequeño compañero de mi infancia y mi gran traductor. Por eso era que el padre Pio confesaba a todas las personas que llegaban sin importar su idioma o dilecto, sin él no haber hecho estudios de lenguas, pero era que su ángel custodio le traducía, tanto hablado como escrito. El Padre Agustín le pregunto que quien le había enseñado el francés y él le respondió: Si la misión del ángel custodio es grande, la del mío es más grande aún, ya que debe hacer de maestro explicándome otras las lenguas y dialectos.

El Padre Rollero afirma que un día se presentaron 5 austriacos que querían confesarse con el Padre Pio, a pesar de no saber una palabra de italiano, pensando que el padre Pio los rechazaría por no entenderlos, pero al salir el primero, salió riéndose, y los otros salieron con la misma alegría. Días después le pregunte, que como había confesado a los austriacos, ya que no sabía el italiano y él me respondió: Cuando quiero entiendo todo.

En 1940 vino un sacerdote suizo y hablo en latín con el Padre Pio, antes de irse el sacerdote le encomendó a una enferma, el padre Pio le respondió en alemán: Se la encomendare a la Divina Misericordia, el sacerdote quedo impresionado del hecho.

El padre Agustín escribió en su diario: El padre Pio, no sabía ni francés, ni griego, su ángel custodio le explicaba todo y el padre respondía bien, la ayuda de este singular maestro era tan singular, que podía escribir en lenguas extranjeras. Un día vino una familia de estados Unidos, porque la niña era de padres italianos, deseaba hacer la primera comunión con el Padre Pio. La señorita María Pael la preparo, ya que la niña no sabía nada de italiano, la víspera de la primera comunión, María la llevo al padre Pio, para que la confesara, ofreciéndose de traductora, pero el padre Pio se no acepto, después de la confesión, ella le pregunto a la niña que si el padre Pio la había entendido y la niña respondió que sí y tú lo has entendido, si respondió la niña, Pero te ha hablado en inglés, si afirmo la niña.

Una vez le pregunte: ¿Padre como hace para entender tantas lenguas y dialectos? Respondió, mi ángel me ayuda y me traduce todo. Muchas veces los hijos espirituales acostumbraban a enviarle a su ángel custodio, con ocasión de determinadas necesidades, yo he usado este medio muchas veces. Le preguntamos al padre que si el ángel custodio ha ido a él y respondió: Es que creen que el ángel custodio es tan desobediente como ustedes.

En 1965, yo pasa gran parte de la noche acompañando al padre Pio, guardaba sus guantes y me iba a mi celda a descansar un poco, porque a la mañana siguiente debía acompañarlo hasta el altar, muchas veces cuando no me levantaba a tiempo, sentía a alguien tocar fuerte mi puerta, a veces sentía en mi sueño, una voz que me decía, Alecio levántate. Un día no me levante ni para la misa, ni para acompañarlo después con las confesiones, despertado por otros hermanos, fui a la celda del padre Pio y le dije: Discúlpeme padre, pero no me he despertado y me respondió: Tú crees que voy a mandarte siempre a mi ángel custodio para despertarte.

Sanación milagrosa del Padre Pio

Una de las curaciones más conocidas del Padre Pío, fue la de una niña llamada Gema, que había nacido sin pupilas en los ojos. La abuelita de ésta la llevó a San Giovanni Rotonda con la esperanza de que el Señor obrara un milagro a través de la intercesión del Padre Pio. El Padre la bendijo e hizo la señal de la cruz sobre sus ojos. La niña recuperó la vista, aunque el milagro no terminó allí. Gema vio desde ese momento, sin nunca tener pupilas. Ya de adulta, Gema entró en la Vida Religiosa.

El Padre Pio y los niños

El Padre tenía también un gran amor por los niños. Cuando se le pedía la intercesión por el nacimiento de algún bebé que viniese con problemas, o por algún niño que estuviese enfermo, intercedía hasta conseguir la gracia. Un canciller a cuya esposa se le aproximaba el parto que se presentaba lleno de dificultades, fue a consultar con el Padre y a pedir sus oraciones. «Vete tranquilo, le dijo el Padre, y nada de operaciones». En el momento del parto la situación se complicó y los médicos le dijeron que si no operaban enseguida temían por la vida, tanto de la madre como del bebé. El canciller desesperado se fue al cuarto que estaba al lado donde había una fotografía del Padre Pío en la pared y delante de ella comenzó a insultarlo y a decirle palabrotas. No había terminado de desahogarse cuando escuchó el llanto de un bebé. Salió corriendo hacia el cuarto de su esposa y encontró un hermoso varoncito nacido, sin que no tuvieran que operar, para admiración de los médicos. Después de algunos días, el canciller fue a San Giovanni a confesarse y a darle las gracias al Padre, el cual le respondió: Está bien, pero todas las palabrotas y los insultos que dijiste delante de mi fotografía, no tienes que decirlos más.

En otra ocasión, un niño de San Giovanni Rotondo, que estaba gravemente enfermo y el cual se esperaba que podía morir en cualquier momento, se echó a reír y recuperó la salud de forma casi instantánea. La madre le preguntó qué sentía y el niño le respondió: Mamá, Padre Pío, me hizo cosquillas en el pie. El Padre le había hecho cosquillas en el pie y se sanó.

Casa alivio del sufrimiento

La tarde del 9 de enero de 1940, el Padre Pío reunió a tres de sus grandes amigos espirituales y les propuso un proyecto al cual él mismo se refirió como su obra más grande aquí en la tierra: la fundación de un hospital que habría de llamarse: Casa Alivio del Sufrimiento. El Padre sacó una moneda de oro de su bolsillo que había recibido en una ocasión como regalo y dijo: Esta es la primera piedra. El 5 de mayo de 1956 se inauguró el hospital con la bendición del cardenal Lercaro y un inspirado discurso del Papa Pío XII. La finalidad del hospital es curar al enfermo tanto espiritual como físicamente: la fe y la ciencia, la mística y la medicina, todos de acuerdo para auxiliar las personas enfermas del cuerpo y del alma.

La envidia humana se echó encima de la obra del Padre Pío. Desde 1959, periódicos y semanarios empezaron a publicar artículos y reportajes mezquinos y calumniosos contra la «Casa Alivio del Sufrimiento». Para quitar al Padre los donativos que le llegaban de todas partes del mundo para el sostenimiento de la Casa, sus enemigos envidiosos planearon una serie de documentaciones falsas y hasta llegaron sacrílegamente a colocar micrófonos en su confesionario para sorprenderlo en error.

Algunas oficinas de la Curia Romana condujeron investigaciones, le quitaron la administración de la Casa Alivio del Sufrimiento y sus Grupos de Oración, fueron dejados en el abandono. A los fieles se les recomendó no asistir a sus Misas ni confesarse con él.

El Padre Pío sufrió mucho a causa de esta última persecución que duró hasta su muerte, pero su fidelidad y amor intenso hacia la Santa Madre Iglesia, fue firme y constante. En medio del dolor que este sufrimiento le causaba, solía decir: «Dulce es la mano de la Iglesia también cuando golpea, porque es la mano de una madre».

50 años de dolor y sangre

El viernes 20 de septiembre de 1968, el Padre Pío cumplía 50 años de haber recibido los estigmas del Señor. Fue grande la celebración en San Giovanni. El Padre Pío celebró la Misa a la hora acostumbrada. Alrededor del altar había 50 grandes macetas con rosas rojas para sus 50 años de sangre… De la misma manera milagrosa como los estigmas habían aparecido en su cuerpo 50 años antes, ahora, unos días antes de su muerte, habían desaparecido sin dejar rastro alguno, con lo cual el Señor ha confirmado su origen místico y sobrenatural.

Padre Pío, Tres días después, murmurando por largas horas «¡Jesús, María!», muere el Padre Pío, el 23 de septiembre de 1968. Los que estaban presentes quedaron largo tiempo en silencio y en oración. Después estalló un largo e irrefrenable llanto.

Muchas han sido las curaciones y conversiones concedidas por la intercesión del Padre Pío e innumerables milagros han sido reportados a la Santa Sede.

Los preliminares de su Causa se iniciaron en noviembre de 1969. El 18 de diciembre de 1997, Su Santidad Juan Pablo II, lo declaró venerable. Este paso, aunque no tan ceremonioso como la beatificación, es ciertamente la parte más importante del proceso. El venerable Padre Pío, fue beatificado el 2 de mayo de 1999. Tan grande fue la multitud en la Misa de beatificación, que desbordaron la Plaza de San Pedro y toda la Avenida de la Conciliación hasta el río Tíber sin ser estos lugares suficientes. Millones de personas además lo contemplaron por la televisión en el mundo entero.

El día 16 de junio del 2002, su Santidad Juan Pablo II canonizó al Beato Padre Pío. Es el primer sacerdote canonizado que ha recibido los estigmas de nuestro Señor Jesucristo. Un gran Santo para la Iglesia de hoy

El cuerpo incorrupto del Padre Pío puede verse en San Giovanni Rotondo (Italia). Durante el año jubilar de la Misericordia, su cuerpo será trasladado a Roma para su veneración en la Basílica de San Pedro, por expreso deseo del Papa Francisco, entre el 8 y el 14 de febrero de 2016.

Cada vez que un fiel se acercaba a Padre Pío, para pedir ayuda y consejos espirituales, por alguna necesidad o urgencia por la que estaban pasando él, siempre les repetía sin descanso: “Tengamos la firme esperanza de ser escuchados, confiados en la promesa que nos hace el Divino Maestro: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá… Porque todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os será dado”.

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