Santa Imelda Lambertini

El 12 de mayo se celebra la fiesta de Santa Imelda Lambertini.

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Biografía de Imelda Lambertini.

Devota Imelda Lambertini, nació en 1322, en Bolonia, vivió en el siglo XIV, era la hija menor del conde Egano Lambertini y su madre Castora Galuzzi, fue la hija predilecta de sus padres y hermanos mayores, Sus padres eran ilustres en nobleza y en virtud, donde enseña a sus hijos la caridad por los más desamparados y enfermos, su madre vivía triste porque no tenía una hija, se llena de devoción por el rosario, del cual era muy devota, donde se le concede el milagro. Imelda aprende de ellos la humildad y caridad para el prójimo, dentro de su núcleo familiar había grandes jerarcas de la iglesia y uno de sus miembros era Papa: Benedito XIV.

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Cuando era pequeña lo que más le agradaba escuchar era las palabras de Jesús y María y cuando empieza hablar era las palabras que pronunciaba con mas frecuencia.

Imelda a su corta edad, hacia pequeños altares frente a los cuales oraba horas enteras, era de una gran belleza, donde los pelegrinos que acudían a verla se quedaban admirados de tanta hermosura, Santa Inés de Roma, fue su ejemplo a seguir. Su mayor deseo era recibir la comunión, con apenas 5 años cuando acompañaba a sus padres en un oficio religioso en la catedral de Bolonia, le pide al sacerdote poder recibir a Jesús en la sagrada comunión, pero en esa época era imposible, ya que solo se autorizaba la comunión cuando los jóvenes tenían 14 años, pero con autorización clerical, podía rebajarse hasta los 12 años como mínimo. A medida que pasaba los años, mostraba una piedad excepcional, convirtiéndose en una amante de la oración, donde se construye un pequeño altar con imágenes de nuestro Señor Jesucristo, la virgen María a la que ella le decía: Manita y que adornaba con flores.

A pesar de su gran posición social, donde pudo ser una condesa, llena de opulencia en la corte, que, apenas cumplidos sus 9 años, conmueve a sus padres para continuar su educación primaria como interna dominica en el convento la santa Magdalena, a las afuera de la capital de Bolonia, donde había una residencia para niñas de buena posición social, donde les enseñaban el catecismo, aritmética básica, letras y arte. Imelda se gana el cariño de todas las monjas y en especial una admiración de la madre superiora, ya que era una niña silenciosa, amante de la oración meditativa, adoradora de las llagas de Cristo y del santo rosario que lo recitaba varias veces al día, donde este fervor religiosa en Imelda, se ajustaba a las reglas del convento, donde la madre superiora la destaco como un ejemplo de vida cristiana, incluso para muchas de las monjas consagradas de las cuales les era difícil hacer oración silenciosa y en mantenerse firme en acciones edificantes para el alma y dejar las murmuraciones y como Imelda era una recién llegada, esto le trajo grandes problemas a la pequeña, porque a pesar de su corta edad era un referente de piedad y caridad cristiana, donde tuvo que aislarse por tener problemas con compañeras de su misma edad, o por una que otra hermana del convento, pero esto la llevo a superar más espiritualmente y la llenaba de fortaleza día a día, acercándola más a Jesús, Imelda les suplica a las religiosas y a su confesor que la dejaran comulgar, lo que ellos rechazaron, pues aún no tenía la edad permitida. Mientras los demás niños jugaban Imelda escuchaba la vida de las santas y la instrucción religiosa que sus padres le dieron, siempre los acompañaba a hacer obras de caridad.

A las niñas pobres les regalaba sus mejores vestidos y todo lo que ella más apreciaba sus juguetes más bonitos, los juegos que más la entretenían, sus cuentos infantiles que más le agradaban. Visitaba a los enfermos y les gusta mucho hablar con ellos, sus padres se sentían feliz con su pequeña cuando la escuchaban relatar la vida de Jesús a los demás niños: cuando les narraba el nacimiento de Jesús en Belén, les hablaba de los reyes magos, la estrella de belén y como Jesús cuando era joven trabajaba en el taller con su padre San José que era carpintero,

también enseñaba la crucifixión de Cristo en el monte calvario, acompañado por María Santísima, María Magdalena, María Salome, María Cleofás y san Juan Evangelista.

como Insistía continuamente sus padres que la ingresaran en el convento de las dominicas de Bolonia que aceptaba niños internos, quienes solo eran sujetos a una mínima parte de la regla.

Era una jovencita muy alta para su edad, de figura frágil, muy seria, femenina y madura para su corta edad, donde era considerada como una mujer encerrada en el cuerpo de una niña, donde se le considera que practicaba parte de las reglas de la vida de las hermanas del convento: Hostilidad en los alimentos, oraciones comunitarias en silencio y de rodillas, penitencias y renunciar a sus horas de recreo, donde así crece su gran amor por cristo, donde medita en soledad los misterios de su pasión, pasando horas enteras frente al Santísimo sacramento del altar donde se guardan las hostias benditas, de rodillas sin importarle las inclemencias del clima, hasta que las hermanas le ordenaban ir a dormir, teniendo que cerrar la capilla a media noche, pero al amanecer regresaba de nuevo hacer vigilia con las primeras hermanas que acudían a rezar el magnifica, siempre la encontraba de rodillas a cualquier hora del día, algunas hermanas relataban, que el sito donde la niña se encontraba se percibía un olor similar a las rosas y lo mismo durante la noche, otras aseguraban de verla rodeada de una luz radiante, mientras permanecía orando por horas y horas antes Jesucristo crucificado.

A fines del año 1332, en compañía de sus padres que acudieron al convento, se le puso un hábito similar a los gastados que desechan las monjas en el convento, fue su propio confesor y director espiritual de las religiosas, el que le puso un hábito blanquecino de santo domingo, encima de la ropa de la niña, similar a la que usaban las postulante en ese tiempo, fue gran su felicidad que redoblo sus esfuerzos para crecer espiritualmente, para seguir el ejemplo de María Magdalena que acompaño a Jesús mientras el cargaba su cruz, cuando se dirigía asía el monte calvario.

El 12 de mayo de 1333, cuando Imelda había cumplido sus 11 años de edad, asistió con el resto de las monjas del convento a la vigilia de la ascensión del Señor a los cielos, siendo para Imelda un momento único, recordando en su mente las palabras de Jesucristo en la tierra ante sus apóstoles: Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, vaya pues y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del padre del hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he enseñado y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos.

Pero como Imelda era la más joven, fue la única que no recibió la primera comunión, cuando todos se disponían a salir de la capilla, cuando perciben una fragancia casi divina que inunda todo el convento y que padece emanar del santísimo sacramento del altar, cuando las hermanas ven que una hostia se eleva hasta donde está la niña que estaba fuera de sí en oración, inmediatamente le hicieron notar al sacerdote que había celebrado la misa, que admirado ante ese milagro acude asía la niña que aún continuaba de rodillas y agradeciendo al cielo exclama: Por fin mi Señor, mi esposo y creador, vienes al encuentro de tu pequeña sierva, Imelda aun en éxtasis recibe la comunión, agradeciendo al cielo, entro en un estado de embelesamiento a causa de la presencia de Cristo, muere por causa de un fallo cardiorrespiratoria, siendo su primera y última comunión.

La iglesia la recuerda con la frase que muchas veces repetía en vida: Jesús dijo: Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida, el que come mi carne y bebe mi sangre, mora en mí y yo en él. Juan 6:56-57

Veneración y beatificación de Santa Imelda Lambertini.

En su corta vida fue un ejemplo de amor y adoración, al sagrado cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, representado en la sagrada comunión.

Los restos incorruptos de la beata Imelda, se encuentran en la iglesia de San Segismundo en Bolonia.

Fue beatificada en 1826 por el papa León XII y fue declarada patrona de los primeros comulgantes en 1910 por el papa Pio X quien, en ese año, decreta que los niños podrían hacer su primera comunión a una edad menor a la establecida anteriormente.

Una congregación de religiosas afiliada a la Orden de los Predicadores lleva su nombre: Congregación de Hermanas Dominicas de la Beata Imelda.

Beatificación 1826 por el papa León XII, hizo justica a esta santa, en base a tanto milagros que colgaba de los muros de su iglesia, dándole agradecimiento por el favor recibido, declarándola Beata Imelda Lambertini, como patrona de los primeros comulgantes.

Oración Imelda Lambertini.

Bienaventurada Santa Imelda,

aquí me tienes postrado a tus pies,

para pedirte me llenes de paz, fe y amor

por los méritos de Jesús sacramentado, y ayúdeme para que igual que tú

sienta ese mismo amor y fervor por la virgen María,

intercede ante nuestro Padre Celestial,

por toda mi familia en especial por mi

hijo que anda en malos caminos, en particular te pido

me concedas el gran favor de devolverle la salud a mi querida esposa.

Préstanos tu ayuda, oh amabilísima Abogada nuestra,

Espero no te olvides de los más necesitados,

enfermos, secuestrados, ancianos abandonados.

Amén.


Oración.

Oh venerable y piadosa niña,

tú que moriste de amor por Jesús,

en el instante que recibiste la comunión,

ayúdame y enséñame lo que más le pueda agradar a nuestro señor,

Para que nunca desprecie mi vida y puedas alcanzar las glorias infinitas

de nuestro gran creador Dios nuestro,

Oh Patrona de la Primera Comunión, ruega por nosotros,

para que seamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo,

que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Una respuesta a «Santa Imelda Lambertini»

  1. Excelente, que vida transparente, tan pura Bendita sea Imelda

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